julio-blanck-clarinA los 64 años de edad Julio Blanck, periodista, analista político y editor falleció en la jornada de hoy. La desaparición de un analista lúcido, honesto, implacable, irónico y veraz causa gran impacto entre sus colegas y compañeros.

Blanck fue parte del grupo Clarín en el que recorrió, a lo largo de su carrera, distintos espectro de categorías indescifrables de la profesión. Trabajo como cronista deportivo, redactor de la sección política, enviado especial, jefe de la sección, prosecretario general, columnista, editor, conductor junto a Eduardo van der Kooy, y durante una década, del programa Código Político de la señal TN.

Justamente Van der Kooy el día de hoy lo recordaba, con una historia reciente y casi desconocida que revela cómo enfrentó Blanck su cáncer de páncreas: “En abril de este año celebramos los diez años del programa. Dedicamos todo el mes a esos diez años que cerramos con un reportaje al presidente Macri en su despacho de la Casa de Gobierno. A la mañana siguiente, Julio se internó para su primera sesión de quimioterapia”.

Era portador de una capacidad fantástica de liderar y de influir en un equipo periodístico. Estuvo a cargo del equipo de investigación de Clarín que en 2003 fue galardonado con el premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que por aquel entonces dirigía Gabriel García Márquez, e impulsó la investigación periodística como una de las metas para afianzar el periodismo de calidad de Clarín.

Tenia un carácter áspero, una especie de volcán de emociones contenidas que disparaba con hosquedad unas grageas de afecto casi inocente y valioso. La alta torre de su timidez escondía un rompecabezas de ternura que rara vez rompía para hablar con pasión también contenida de su mujer, Silvana, y de sus hijos, Ignacio, Irina y Sofía. O para ocultar con empeño su pasado como técnico químico, acaso un error de juventud antes de que la profesión lo ganara para siempre.

Como lo hizo toda su vida Blanck escribió una de sus últimas columnas en la clínica donde estaba internado. Con un esfuerzo enorme y una decisión inquebrantable y tal como había prometido en abril, durante una de sus últimas visitas a la redacción, que iba a enfrentar el mal que lo aquejaba. No cejó. Fue, hasta el final, un cronista lúcido de su propia vida.