image5b896a5e697ebErnesto Clarens detalló, a lo largo de cinco declaraciones, cómo era la operatoria de recaudación implementada por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Clarens busca convertirse en colaborador y brindó detalles del esquema de cobro de coimas pagadas por las empresas de obra pública durante los gobiernos kirchneristas.

En la primera declaración frente al fiscal Carlos Stornelli, el 17 de agosto, señaló que le llevó “alrededor de 20 o 25 millones de dólares de la recaudación” de las coimas al ex secretario privado del matrimonio, el hoy fallecido Daniel Muñoz. Esa cifra fue su cálculo hasta el 2010, cuando murió Néstor Kirchner. Sin embargo, fue rectificada por Clarens en sus sucesivas declaraciones, en las que aseguró que no habían sido “menos de 30 millones de dólares” que le había entregado al entonces secretario de los ex presidentes.

El monto mencionado por Clarens no incluye la recaudación de las coimas en el área de energía y de transporte.

Según detalló, las entregas fueron en el departamento de la calle Juncal, en el barrio porteño de Recoleta. “La dejaban ahí y, según escuché, los viernes con la recaudación de la semana, subían el dinero en un avión y lo llevaban a Río Gallegos, y luego a la casa en El Calafate donde vivían los Kirchner. Me refirió asimismo (por Muñoz) que en la casa de El Calafate había un escondite en el sótano donde guardaban las cosas. Asimismo me manifestó que en ese lugar no se podía estar por el fuerte olor a tinta”, afirmó ante Stornelli el financista. Pero esa primera declaración fue considerada insuficiente por el juez Claudio Bonadio y el acuerdo no fue homologado en esa oportunidad.

Ademas precisó que “Muñoz iba en avión, no sé si en el Tango o dónde, pero vía aérea seguro. Normalmente se iban los viernes, el destino final era El Calafate, debajo de la casa guardaban el grueso del dinero. Muñoz se quejaba a veces por los montos que llegaba a recaudar por lo escaso de los montos, eran menores porque Vialidad había dejado de pagar en tiempo y forma”.

El financista insistió en varias declaraciones en que “el dinero era enviado al sur”. Destacó que  Baez lo consultó sobre qué hacer con el dinero. “Yo le dije que comprara activos. De repente supe que compró, a modo de ejemplo, restaurantes, estaciones de servicio, agencia de turismo, campos, estas compras no las registraba en la contabilidad, y creo que estas operaciones no las hacía con dinero propio sino con dinero del matrimonio Kirchner.

En otra de las oportunidades abundó que, según entendía, “el dinero de la obra pública no era suficiente para esas adquisiciones y que podría haber tenido otro origen”, y “Báez haber actuado como prestanombres presidencial”. En ese sentido, aseguró: “Las compras en el sur eran siempre en efectivo. El dinero físicamente se encontraba en Santa Cruz”.

Y agregó “Se decía que los billetes de Báez con los que pagaba Báez estaban húmedos. Báez decía que Néstor Kirchner era como Rico Mc Pato, por lo mucho que le gustaba el dinero en efectivo”.

También se explayó sobre el trato del ex presidente con quien fuera su “sombra” durante su paso por la Casa Rosada: “A modo de anécdota quiero agregar que un día Muñoz me pidió ir a la cancha de Boca, comenzamos a charlar y ahí me contó que Néstor Kirchner era mala persona y que la esposa era peor, que era una araña. Eso fue al comienzo de la presidencia de Néstor Kirchner. Me contó también que le pegaba, me relató que en una oportunidad estando en el despacho presidencial,  Muñoz cerró la puerta y lo llamó para ordenarle que la vuelva a cerrar pero con suavidad, lo volvió a hacer y aparentemente no fue lo suficientemente suave, para lo cual lo llamó a su presencia y  le dio una trompada”.

Clarens insistió en que no era él quien definía a quién cobrarle. La recaudación dependía de las obras que le habían sido asignadas a las distintas constructoras de obras viales, mediante el sistema de cartelización coordinado por el empresario por Carlos Wagner, a pedido del ex ministro Julio de Vido.

Y negó haber “extorsionado” a empresarios para que le paguen. “Jamás me puse yo del lado del gobierno en apretar empresas, con ninguna, todo lo contrario. Venían y me decían ‘no puedo pagar porque no me pagan bien”, yo les respondía ‘pagá lo que puedas’, mientras  había flujo de caja, para estos no iba a pasar nada”.

Se refirió puntualmente a “las manifestaciones de (Juan) Chediak y (Luis) Losi en los medios”.  sobre ellas, dijo: “Me atribuyen haberlos presionado para el pago de sobornos acordados en la camarilla (la Cámara de Empresas Viales), vuelvo a negar que eso haya ocurrido. Por el contrario estaban muy conformes. No fue extorsiva, sino beneficiosa para ellos. Al punto que Chediak me invitó con mi esposa a cenar a su casa en una reunión social, en la que cantó y tocó la guitarra”.

Clarens se refirió, a su vez, a los aportes electorales en negro hechos por los hombres de negocios en 2013. “Fuera de la operatoria referida a la obra pública vial, ese año López me dijo que algunas empresas llevarían dinero para la campaña electroal del kirchnerismo. Por ejemplo, recuerdo en particular: Esuco, Cartellone, Losi, Chediack, Roggio, entre otras. En esa operatoria, le levaban directamente el dinero a (José) López a un departamento cerca del Hotel Faena, en Puerto Madero”. Esas contribuciones por fuera de la ley, según relató, se repitieron en la campaña del 2015.

El financista sostuvo que el dinero que recibía de los empresarios lo cambiaba por dólares  y “se lo entregaba a Muñoz, en el Hotel Panamericano si el monto era chico.  Pero si era un millón de dólares, por ejemplo, me decía ‘llevalo a Juncal, al departamento'”, precisó.

Sobre la operatoria de cambio de divisas, detalló: “(Los empresarios) me pagaban en pesos a partir del cobro de certificiados (de obra). Después salía al mercado a comprar dólares. Mi negocio era el cambio, al principio era cuidadoso pero después conseguía obtener más margen”.

También nombró el corredor con el que operaba. “Generalmente hablaba con un corredor, (Jorge Marcelo) Vallarino, normalmente era en cuevas, y en algunas ocasiones con la mesa de dinero del banco Finansur que hacía de nexo con alguna casa de cambio. En determinado momento, Muñoz me pide que trate de traer euros en billetes de 500 porque ocupaban menos lugar”.

Tras caerse el acuerdo que había firmado con Stornelli el 7 de agosto, Clarens declaró nuevamente el 23 y el 31 de ese mes. También presentó escritos ampliatorios donde fue aportando detalles que dijo ir “recordando”. Recién su declaración del 8 de septiembre logró ser homologada por Bonadio y así se convirtió en arrepentido, lo que le garantizó su libertad durante el proceso. Eso no le valió, sin embargo, evitar ser procesado como miembro de una asociación ilícita comandada por los ex presidentes.

El financista negó cualquier vinculación con SGI, la financiera de Federico Elaskar, que pasó a estar controlada en 2011 por gente de Lázaro Báez. “Cuando me dicen que  tengo algo que ver con La Rosadita es mentira, no tenga nada que ver con la Rosadita. De hecho quedó demostrado en todos lados que Báez eligió otra persona. Ni a Fariña ni a ninguno de esos muchachos los conozco”, señaló en relación al sindicado como “valijero” del empresario, al contador Daniel Pérez Gadin, el abogado Jorge Chueco y el ex marido de Iliana Calabró, Fabián Rossi.

“En esa época Báez conmigo estaba enojado. Nunca tuve manejo de las cuentas de Lázaro Báez, de todas las operatorias que hizo. El euro afuera estaba a 1.20 y acá estaba a 1.10, ellos vendían euros y pedían transferencias en dólares para girar afuera. No hay mercado grande en la Argentina para vender tantos euros, para vender en cantidad tenés que esperar un par de días. Acá se cambiaron 60 millones de euros que se dice que hizo la Rosadita, y el mercado argentino no podía soportarlo. A lo sumo puede soportar el cambio de un millón de euros diarios. Esos euros que se cambiaron, no sé de quién eran, no me consta”.

El financista se ocupó de destacar que su relación con el empresario patagónico detenido no era buena. “Tenía diferencias con Lazaro Báez, era desprolijo. No me gustaba el trato que tenía con (el empresario de la construcción santacruceño ya fallecido) Gotti. Yo no quería ser su socio, pensaba que podía obtener cualquier cosa para obtener poder”.

En las posteriores declaraciones, Clarens amplió los detalles sobre el dinero trasladado hacia la provincia de Santa Cruz. Dijo que, incluso, había un custodio que resguardaba lo que los Kirchner ocultaban en el subsuelo de su casa en Calafate. “La plata estaba guardada en archivos de oficina. Me parecía una locura pero a Kirchner le gustaba el efectivo, por eso cuando hablan de cuentas en el exterior, me resulta extraño”, agregó.

El financista negó haberle abierto cuentas en el exterior a Néstor y Cristina Kirchner, o a Muñoz. “Si fuera así,  yo se lo diría porque a mí no me suma ni me resta nada. Una sola vez, Muñoz me consultó sobre cómo eran las cuentas afuera, yo le conté pero no me dijo nada más. Yo estaba en Buenos Aires, tenía que recibir la plata de las empresas y convertirlas en dólares, esa era mi función, me tenían ahí, haciendo lo que tenía que hacer y punto. Sí hay una persona que manejaba esas cuestiones. Cuando llegué a Santa Cruz en el año 1995, el que manejaba eso era Eduardo Caffaro, con Aldo Ducler. Nunca supe si Caffaro era empleado de la Gobernación o de Ducler, pero la persona que a Kirchner le manejaba los fondos de afuera era Caffaro. Para hacer algo en el exterior, la persona que Kirchner consultaba era Caffaro. A tal punto, yo voy un día con Merry Lynch a ver a De Vido en Santa Cruz, a ofrecerle los servicios para poder asesorarlo en el manejo de fondos de la provincia, que eran 600 millones de dólares, que para mí era una comisión espectacular. Entonces yo pregunté qué pasaba y Lázaro Báez me dijo: ‘esto lo maneja Caffaro'”.

En su defensa, descartó las versiones periodísticas que lo señalaban llevando dinero en su “novelesca lancha rápida” y sin controles a Uruguay, donde tenía una casa de fin de semana en Carmelo. Para Clarens, esta idea era descabellada ya que siempre iba los fines de semana con su familia desde hace diez años, y que Buenos Aires era una mejor plaza para operar con efectivo que Montevideo.

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