Emmanuel Macron, casi con seguridad será el presidente de Francia. El más jóven de su historia. Nunca tuvo un cargo electivo y en dos años este hombre de 39 años llegó, desde un ministerio a convertirse en el personaje más popular del gobierno de François Hollande.

La sorpresa que se convirtió en realidad es todo lo contrario a lo que sucede en Francia desde la Revolución de 1789  hasta estos días. No tiene partido político, no se define ni de izquierda ni derecha y quienes lo conocen cuentan que es un hombre multifacético, afable y muy cercano a la gente.

A los 25, después de una tesis sobre el interés general, un doctorado sobre Hegel y un máster sobre Maquiavelo, fue asistente del filósofo Paul Ricoeur. Cinco años después, flamante egresado de la prestigiosa Escuela de Administración Nacional (ENA) y tras un fugaz tránsito por la Inspección de Finanzas, fue empleado por Rothschild como banquero de negocios.

Uno de sus opositores lo definió a la perfección “Macron es una start-up, con la misma movilidad y vencimientos a corto plazo”, dijo de él el secretario general del Partido Socialista, Jean-Cristhope Cambadelis. “Encarna la izquierda post-histórica, pro-business y societal”, ironizó.

Emmanuel Macron será presidente de Francia en un mundo que decidió sacarse de encima el pasado.

La historia de Macron es símbolo de excelencia. En sexto grado conocía a la perfección las raíces latinas y griegas de la lengua francesa. A los 25, después de una tesis sobre el interés general, un doctorado sobre Hegel y un máster sobre Maquiavelo, fue asistente del filósofo Paul Ricoeur. Cinco años después, flamante egresado de la prestigiosa Escuela de Administración Nacional (ENA) y tras un fugaz tránsito por la Inspección de Finanzas, fue empleado por Rothschild como banquero de negocios. En 2012, la institución le entregó los comandos de uno de los negocios más importantes del año: la compra de una filial de los laboratorios Pfizer por parte de Nestlé. Un gigantesco deal de 12.000 millones de euros que ejecutó como un virtuoso, y que lo hizo millonario de la noche a la mañana.

Cuando el presidente Hollande le propuso el ministerio de Economía, Macron andaba en bicicleta en Touquet, en la costa normanda.

“Le pedí una hora de reflexión. Quería estar seguro de ser libre y poder actuar. No soy hombre de conflictos, pero puedo partir en cualquier momento”, confesó en aquel momento.

Lejos estuvieron todos de pensar que la advertencia terminaría por convertirse en realidad. En todo caso, sus adversarios no tardaron en darse cuenta del peligro que representaba. Pocos meses después de su nominación ministerial, el ex presidente conservador Nicolas Sarkozy le pidió en forma irónica que “se incorporara” a su partido, Los Republicanos (LR).

También se agitaron las grandes figuras del socialismo, en particular quienes pretendían suceder al presidente Hollande, como el entonces primer ministro Manuel Valls.

“Macron es una start-up, con la misma movilidad y vencimientos a corto plazo”, dijo de él el secretario general del Partido Socialista, Jean-Cristhope Cambadelis. “Encarna la izquierda post-histórica, pro-business y societal”, ironizó.

Pocos días antes, el ministro preferido de François Hollande abandonó el gobierno para crear su movimiento En Marcha y lanzarse en pos de esa loca quimera que, nadie dudaba, terminaría como Pegaso, con las alas derretidas por el sol, en el fondo del mar.

Pero Emmanuel Macron parece haberse beneficiado con una extraña conjunción astral. Para convencer al 24% de los franceses, se sirvió de su carisma y de su perfil “apolítico”. Pero también de la situación catastrófica en la que sus principales adversarios hicieron campaña. Todo eso y la promesa de una renovación de la vida política le abrieron el camino al palacio del Elíseo. Como si, desde la cuna, hubiese estado predestinado a suceder a François Hollande.
Foto vía: politico.eu

Compartir