Brasil, el mayor país de América Latina y la novena economía del planeta, ha vivido las últimas semanas lo que se ha bautizado como O fim do mundo, las confesiones de los ejecutivos de la mayor constructora del país que han implicado en el cobro de sobornos a prácticamente toda la clase política fue una bomba que implosionó y se está llevando puesto otro gobierno en un ámbito político penetrado por la pus destructiva y lacerante de la corrupción.

Al enojo popular que pulula por las calles de las principales ciudades pidiendo la cabeza del titular del Ejecutivo, se ha sumado el mayor desplome de la Bolsa de Sao Paulo desvastando los mercados hasta el borde del derrumbe total.

Los aliados de Temer van a poner a prueba su capacidad de resistencia. Dos ministros anunciaron su dimisión -uno de ellos rectificó más tarde- mientras un grupo de parlamentarios del PSDB comunicó que se va a sumar a las peticiones de impeachment ya registradas por diputados de la oposición.

En la nueva crisis política vuelve a desempeñar un papel decisivo Eduardo Cunha, uno de los personajes más siniestros de los muchos que pueblan la política brasileña. Como presidente de la Cámara de Diputados, Cunha jugó un papel decisivo en 2016 en la caída de Rousseff con el propósito, según confesión reciente del propio Temer, de parar las investigaciones judiciales en marcha contra él. Pero había demasiadas pruebas de que cobró sobornos millonarios y no pudo esquivar la cárcel. En los últimos meses, no cesó de enviar mensajes amenazantes desde prisión. Cunha pasa por ser depositario de algunos de los peores secretos de las cloacas políticas de Brasil.

 

Foto vía: thetimes.co.uk

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