El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, tras dos días de resistencia en el sindicato metalúrgico, se entregó a la policía para comenzar a cumplir los doce años de cárcel que le impuso la Justicia por corrupción, y ya fue recluido en una celda especial en la ciudad de Curitiba.

“Él durmió tranquilo y no fue maltratado por los agentes del lugar. Permanece sereno y tranquilo”, según la nota divulgada por el “comité popular” que el Partido de los Trabajadores (PT) montó en las inmediaciones de la sede de la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba, según diarios de Brasil.

Tras el ingreso del ex mandatario a la superintendencia de la Policía Federal en Curitiba, donde empezó a cumplir su pena, hubo disturbios en la entrada del edificio y la policía lanzó bombas de estruendo y disparó balas de goma para dispersar a los manifestantes que lanzaron palos y piedras contra los agentes, por lo que 9 personas resultaron heridas, aunque ninguna de gravedad.

Medio centenar de policías militarizados controlan desde anoche los accesos al recinto, situado en el barrio de Santa Cândida, en la zona norte de la ciudad, y solo permiten el acceso al personal autorizado, moradores y reporteros.

En declaraciones periodísticas, la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, afirmó que “Lula está bien, llegó bien a su lugar de detención”, y precisó: “Vamos a instalar una resistencia cívica, una vigilia cívica para que salga rápidamente de prisión, de esta situación de prisión política”.

En tanto, el jefe de  la Policía Federal en Paraná, el comisario Mauricio Leite, afirmó que Lula fue “bien recibido y se encuentra bien”, según indicó Hoffmann.

En ese marco, metros de la celda donde está detenido el ex presidente sus seguidores levantaron un campamento, denominado “Lula libre”, con la intención de que permanezca en pie hasta que vean en libertad al ex mandatario brasileño.

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