Alexandria Ocasio-Cortez, una joven de 28 años que trabajaba en la barra de un bar mexicano en el corazón de Manhattan, destronó en las primarias del Partido Demócrata de Nueva York a Joe Crowley, uno de los parlamentarios más poderosos del Partido Demócrata.

Con alto impacto en las redes sociales y un mensaje mucho más a la izquierda de lo que tradicionalmente ha tenido la colectividad, la joven de ascendencia latina buscará colocar a los distritos menos favorecidos en la gestión pública del estado de Nueva York como prioridad política.

Sin grandes contactos empresariales, un equipo de menos de 20 empleados y un presupuesto minúsculo, la joven del Bronx le arrebató la candidatura a la Cámara de Representantes a uno de los congresistas más poderosos de Washington, que lleva nueve años en el escaño y multiplicaba por 10 sus recursos.

“La mujeres como yo se supone que no nos presentamos a elecciones. No nací en el seno de una familia rica ni poderosa”, afirma en su vídeo de campaña, mientras se la ve paseando, tomando el subte o poniéndose máscara de pestañas en un baño pequeño.

Nacida y criada en el Bronx, su padre, Sergio, administraba un negocio familiar y su madre, Blanca, es una puertorriqueña que limpiaba casas.

Si vence al republicano Anthony Pappas en las legislativas del próximo noviembre, para lo que tiene claras posibilidades, la ex camarera del Flats Fix se convertirá en la mujer más joven de la historia en llegar al Congreso estadounidense.

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