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Dejó todo para irse al norte a ayudar a las comunidades en situación de pobreza: “En la Argentina, elegir qué comer es para pocos”

Diego Bustamante es el director general de “Pata Pila”, una organización que trabaja en la igualdad de oportunidades. Explicó por qué cree que la Argentina llegó a esta situación de pobreza, qué se necesita para revertirla y el deseo de quedarse en el país para poder contribuir a cambiar esta situación.

Diego Bustamante es uno de los tantos jóvenes del país que realizan día a día un aporte incalculable para construir una sociedad más igualitaria. Si bien estudió Producción Agropecuaria y trabajó en diferentes proyectos, en el 2014 decidió mudarse al norte argentino. En el 2015 se instaló en Tartagal y allí fundó “Pata Pila”, una asociación civil sin fines de lucro dedicada a combatir la desnutrición infantil y a ayudar a las comunidades en situación de pobreza a tener oportunidades, para crear un mejor futuro.  

Actualmente, la organización acompaña a más de 56 comunidades diferentes en cuatro provincias (Salta, Buenos Aires, Mendoza y Entre Ríos). Actualmente, Pata Pila tiene 4 centros de desnutrición infantil, 5 programas móviles de atención nutricional, un espacio de primera infancia, 2 hogares de niños familiares y diferentes programas de oficios. Cuanta con un equipo de 65 personas rentadas para llevar adelante la atención social a más de 1000 familias.

Con la sensibilidad propia de ser un emprendedor social, Bustamante afirma que más allá de que le gusta vivir en nuestro país porque acá está su “casa, familia e historia”, también hay “mucha gente que vive muy mal” y que es “ muy injusto para muchos”. 

“En la Argentina no te dejan levantar la cabeza. Para gente como yo, de mi edad (38), armarse es muy complicado. Tener proyectos como montar un emprendimiento, un negocio, invertir en un comercio, y ni hablar de tener un techo propio o comprarte un auto son casi una misión imposible, reservada cada vez para menos. Es imposible planificar porque nunca sabés ni cuánto va a costarte lo básico como la comida o los servicios. No hay estabilidad de ningún tipo”, evalúa Diego en diálogo con Minuto Político.

Sin embargo, más allá de las adversidades, destaca la importancia de poder permanecer en el país para cambiar esta realidad no solo para él, sino para todos. “Tuve la experiencia de vivir afuera y es enriquecedor sin dudas, pero no hay nada como el país de uno. Además, por los motivos que la mayoría querría irse de Argentina son por los que también me quiero quedar, para dar esas peleas y ayudar a transformar la realidad”, agrega.  

 
 
 
 
 
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¿A qué le atribuís la situación actual tanto social como económica?

A años de pésimas gestiones y administraciones políticas, de mucha impericia y terquedad. Les hace falta humildad y humanidad. Argentina camina ciega, sin rumbo y cae en picada año tras año. No hay que ser un estadista para darse cuenta que cada vez se vive con más dificultad, que sostenerte estudiando en una universidad o tener un trabajo pasó a ser un privilegio y que nos volvemos, la mayoría, cada vez más pobres. Hace años que en la Argentina poder elegir qué comer es para unos pocos. Hay generaciones enteras que ya nacieron con un pie en la cabeza y están muy afectadas. Además, tenemos un sideral atraso legal y burocrático para la inversión y la generación de oportunidades. 

En conjunto con esto, Bustamante explica desde el punto de vista político que “veo mucho discurso ideologizado a un lado y al otro de una grieta estúpida, que solo deja un pueblo arrasado. Queremos discutir el futuro, pero no logramos organizarnos para que las comunidades y barrios que hoy siguen sin agua potable puedan acceder a este derecho. Pero ojo, que planifiquemos y que seamos inteligentes en invertir hoy en lo que se va a venir mañana. Pero necesitamos empezar hoy por hablar seriamente, con la verdad y ponerse a trabajar para generar consensos reales, profundos y humanos”.

En este país hay una élite o una casta política, sindical, judicial y empresaria que se pasa de mano en mano el poder, el látigo y la chequera y no quieren dar reales soluciones de fondo. No les conviene, no quieren un proyecto de país con políticas de estado a largo plazo porque no quieren perder el manejo discrecional, ni mucho menos los privilegios para ellos y sus amigos”. Sin embargo, resalta que “también hay gente muy interesante dando peleas, que es seria y que le importa en serio” esta situación. 

De cara a las elecciones remarca que, más allá de los nombres que puedan discutirse para integrar una lista, no ve “una propuesta o un proyecto”. “Necesitamos renovarnos y quitar de la escena a los de siempre, a los apellidos que traccionan votos pero nos hacen seguir peleando, que con solo nombrarlos nos vuelve a todos antagonistas, en vez de protagonistas. Hay que dar lugar a gente nueva y dejar de lado los personalismos. La sociedad necesita saber de proyectos reales y no de eslóganes de campaña. Quisiera que podamos conocer a todos los equipos que se postulan para gobernar y no esas listas sabanas, interminables, donde se cuelan siempre los oportunistas y los acomodados. Esos son los de siempre, que se pasan de cama en cama, porque acá nadie quiere pasar frío”. 

¿Qué mirada tenés de la relación entre los medios y la política?

Es difícil generalizar, pero sí creo que hay gente en los medios hegemónicos que es termina actuando de forma perversa, así como tambien en la política. En algún sentido los medios y la política son dos caras de una misma moneda, se necesitan y se retroalimentan. Los medios pueden ser el mejor canal de transformación social, pero la mayoría de las veces eligen jugar la peor partida. Desinforman, mienten y faltan a la verdad y en la mayoría de los casos son tendenciosos. Es muy interesante descubrir cómo distorsionan las cosas, por dónde hacen los cortes, donde editan o cómo bajan mensajes. Algunos son muy asquerosos, muy obvios. Me parece que es una relación necesaria, pero que tienen que volverse más virtuosa. Los medios pueden elegir ser transformadores de la realidad de la Argentina. Planteando realidades y soluciones, visibilizando caminos, demandando tomas de decisiones serias sin intereses creados. Podrían ayudar a debatir contenidos serios y no dedicarse a la chicana y a alimentar la pelea. Porque en definitiva, después, al corte somos todos amigos, comparten el café, la fiesta y el champagne. También se mueven por el poder y la plata. No todos y no siempre. Creo que los medios son muy importantes y hacen al movimiento político económico, social y judicial, pienso que deberían ser un poco más responsables.

¿Qué cambios ves necesarios para generar más puestos de trabajo y poder salir del asistencialismo?

Se necesita mucha más inversión, que haya reales estímulos para el desarrollo de nuevos proyectos. Hace falta acceso al crédito sin tasas imposibles de pagar y trabajar para la estabilidad jurídica y tributaria. Hay que fijar reglas claras, pero para eso hay que dar los debates que no quieren darse sobre las leyes laborales, no para perder derechos sino para ampliar oportunidades. Virar, con un proceso real y empático, de la asistencia social al trabajo remunerado. Necesitamos establecer una asignación básica, única y universal, que no atente contra el crecimiento posterior por ejemplo impidiendo volverse monotributista o autónomo para no perder esa ayuda. Necesitamos desarrollar centros de capacitación con una mirada innovadora y accesibles a los sectores que no pueden pagarlo. Hay que hacer un cambio radical en la educación primaria y secundaria para que los niños y adolescentes salgan con herramientas adecuadas para liderar procesos de cambio y círculos virtuosos de desarrollo de empleo. Creo que también se requiere descentralizar los centros de producción y distribución para que se generen más cooperativas de trabajo y nuevas pymes. No centralizar todo en las grandes corporaciones. Para esto, hay que seguir desarticulando monopolios y grandes formadores o impositores de precios. Y así puedo seguir enumerando ideas.

Para comunicarse y colaborar con Pata Pila, escribir a dbustamante@patapila.org 

Por Tomás Amerio