Inicio Destacadas Falta de capacitación, la línea entre orden y uso desmedido de la...

Falta de capacitación, la línea entre orden y uso desmedido de la fuerza y políticos que condenan crímenes según quién gobierne el distrito donde se cometen. ¿Cómo evitar más casos como el de Lucas?

El asesinato de Lucas González por parte de la Policía de la Ciudad puso en el tapete nuevamente un debate que desde hace años se viene posponiendo por parte de la clase política argentina: la falta de preparación y capacitación de las Fuerzas de Seguridad. 

Por un lado está la parte académica. La decadencia que atraviesa nuestro país hace décadas en materia de educación también afecta a la formación de las personas que deben poner el cuerpo para cuidar a la ciudadanía en la calle. A los Policías, se los capacita poco y mal. 

Esta situación genera que, a la hora de reducir a un delincuente, muchas veces se termine aplicando un uso excesivo de la fuerza o, como sucedió en esta ocasión, que tres personas abran fuego contra un auto simplemente porque les parece que sus integrantes puedan ser potencialmente personas que hayan cometido un delito. ¿Cómo van a protegernos de los delincuentes si algunos efectivos pueden llegar a cometer este tipo de actos? Y lo que es peor, luego intentan cubrirse. 

El argumento oficial de los tres asesinos es absurdo. Afirmaron que habían disparado porque los jóvenes no habían querido identificarse. Es decir, que sintieron que podían abrir fuego contra cuatro personas desarmadas solo porque no habrían querido dar sus nombres. Un delirio. Falta de capacitación y exceso de impunidad. Disparo, después miro. 

Lucas González fue baleado por la Policía de la Ciudad.

La delincuencia debe ser castigada, pero la delincuencia dentro de las Fuerzas de Seguridad deben tener sanciones ejemplificadoras. No puede haber ningún tipo de “pero”. Condena y cárcel para quienes violan desde el Estado el derecho máximo que tiene una persona que es su vida. 

Por otro lado, en este tipo de historias, se mezcla indudablemente la política. La grieta termina tiñendo todo, como si los delitos o los muertos fueran de uno o de otro partido, o de un lado u otro de la General Paz. Muchos de los que justificaron la violación de los Derechos Humanos en Formosa hoy se llenan la boca diciendo lo asesina que es la Policía de Larreta y otros, que condenaban los terribles centros de detención de Gildo Insfrán todavía no han emitido palabra por lo que pasó. Así es inviable. Los delitos son delitos. Los que matan son asesinos tengan la profesión que tengan y vivan donde vivan. Basta. 

También es fundamental traer a colación los discursos de odio extremistas que han tomado lugar en nuestro país y con los que hay que tener mucho cuidado. Si pedís que se pueda abrir fuego en cualquier situación o circunstancia, estas pueden ser las consecuencias. 

Asimismo, considero también que no todas las situaciones son lo mismo. No es igual un claro caso de gatillo fácil como el de Lucas que el de Luis Chocobar, donde un Policía disparó al piso (comprobado en pericias judiciales) a un delincuente que venía de clavarle segundos antes once puñaladas a un turista. Las responsabilidades luego debe determinarlas la Justicia, pero no es todo lo mismo. Llevarlo a ese terreno es simplificar para uno u otro lado un debate que debe darse de manera mucho más profunda. 

Un país con una educación cada día más en decadencia, con más de un 40% de pobreza y una Justicia que en muchos casos brilla por su ausencia, de seguir en ese camino, tenderá cada vez más a presentar situaciones como esta. La educación en todos los niveles debe ser la prioridad, los policías deben cuidarnos y los delincuentes deben estar detenidos. 

En el corto plazo, la Ciudad de Buenos Aires deberá dar una respuesta desde el Ministerio de Seguridad para poder avanzar en la investigación, que se sepa cómo mataron a Lucas y que los culpables tengan la condena que les corresponde. No obstante, el camino es más largo, sino seguirá habiendo más y más Lucas cada día. 

La delincuencia en la Argentina crece a pasos agigantados. Los robos, las violaciones y los asesinatos continúan repitiéndose a diario y es imperioso poder contar con un Estado que proteja a la ciudadanía en lugar de cometer actos delictivos. 

Las Fuerzas de Seguridad deben estar mejor capacitadas, mejor equipadas y -mucho- mejor pagas que lo que hoy lo están. Además, deben poder actuar y utilizar la fuerza para poner el orden o detener a un delincuente cuando sea necesario, sin miedo a luego ser detenidos por el cumplimiento de su deber. Pero, en consonancia con esto, habrá que ser inflexible y no se deberá titubear con los pasos a seguir cuando sucedan este tipo de hechos. Cuando el que comete el crimen es parte del Estado, la sanción debe ser acorde. 

Poner orden no es represión, pero asesinar a un chico porque sí no tiene nada que ver con el orden. Es un acto liso y llano de delincuencia. Esa línea debe estar delimitada claramente para que estas situaciones no se sigan repitiendo en la Argentina. 

Por Tomás Amerio