De clásicos yanquis a ensaladas con carácter: dos opciones contundentes para renovar el menú
A la hora de buscar platos que generen esa sensación de hogar y saciedad, hay recetas que no fallan, aunque vengan de latitudes distintas. Hoy nos metemos en la cocina para explorar dos propuestas que, si bien tienen orígenes internacionales, se adaptan perfectamente al paladar local por su intensidad y esa mezcla de texturas que tanto nos gusta a los argentinos.
El furor de los Mac & Cheese: mucho más que simples fideos
Aunque los fideos con queso más famosos del mundo se asocian directamente con Estados Unidos, su esencia es puramente italiana, pero con ese “toque americano” —o norteamericano, para ser precisos con nuestro continente— que los vuelve una bomba de sabor. Los clásicos mac and cheese (o “macanchís”, como le decimos acá para simplificar) son el plato ideal cuando se busca algo rápido, potente y que conquiste tanto a los chicos como a los grandes.
No se confundan: estos macarrones, que son los típicos fideos tipo codito, no tienen nada que ver con los macarons franceses. Se trata de una pasta seca que se funde en una crema de queso cheddar, el verdadero alma de la receta. Lo mejor de todo es que en apenas 25 minutos podés tener la cena resuelta.
Para prepararlos, vas a necesitar medio kilo de coditos, 350 gramos de cheddar (rallado o en hebras), un toque de parmesano (unos 80 gramos), manteca, una taza de crema de leche, sal y pimienta.
El proceso es sencillo. Mientras precalentás el horno a 200 °C, hervís los fideos en agua con sal según lo que diga el paquete (suele ser entre 6 y 8 minutos). El secreto está en la salsa: en una ollita aparte, mezclás la crema, el cheddar y la manteca a fuego bajo, revolviendo siempre hasta que se forme una crema bien homogénea. Una vez que tenés los fideos listos y colados, los mandás a una fuente para horno, los bañás con esa crema de queso y, si querés un acabado profesional, les tirás el parmesano por arriba. Diez minutos de horno para gratinar y ya están.
Un consejo de cocina: son fideos que llenan un montón, así que mejor no repetir para no quedar “detonado”. Si querés equilibrar un poco, podés acompañarlos con una ensalada verde. Y si te sentís con ganas de ir por más, sumales panceta crocante antes de mandarlos al horno. Ahora, si los preferís más cremosos y suaves, salteate el paso del horno y servilos directo con la salsa.
La vuelta de tuerca a la Panzanella: invierno, panceta y queso azul
Si los fideos te parecen demasiado, pero igual buscás algo que te deje satisfecho, esta versión de la panzanella con panceta y repollo es una opción que tenés que probar. Tradicionalmente, la panzanella es una ensalada italiana de verano con pan, cebolla y tomate, pero acá la transformamos en un plato invernal, robusto y con mucha personalidad.
Esta ensalada tiene de todo: la frescura del repollo y la manzana, el golpe de sabor del queso azul y, por supuesto, el toque infaltable de la panceta. Es tan completa que tranquilamente puede ser un almuerzo liviano o una entrada muy lucida para una cena con amigos.
Los ingredientes son fáciles de conseguir: medio repollo blanco picado en trozos grandes, aceite de oliva, panceta (8 fetas cortadas), un tercio de pan de centeno o marmolado (mejor si está un poco seco), una manzana roja grande, media cebolla morada, queso azul desmenuzado, vinagre de manzana y mostaza de Dijon.
La preparación empieza en el horno a 240 °C. Ahí mandás el repollo con un chorro de aceite de oliva, sal y pimienta, y lo dejás hasta que los bordes se doren bien, unos 20 minutos. Mientras tanto, en una sartén, dorás la panceta hasta que esté crocante. No tires toda la grasa que queda en la sartén; usá un par de cucharadas para dorar ahí mismo los trozos de pan hasta que queden bien crocantes.
Para el armado final, batís el vinagre, la mostaza y el resto del aceite para hacer el aderezo. En un bol grande, mezclás todo: el repollo asado, la manzana picada, la cebolla, la panceta, el pan y el queso azul. Se sirve en el momento para que el pan no pierda su textura. Es un plato rústico, casero y, sobre todo, rapidísimo de armar.